Llegamos temprano a las instalaciones del aeropuerto, en el control de policía, a Claudio y a mí, nos sacan las pequeñas navajas que en todo momento porteamos en nuestros equipajes. Le protestamos al agente, intentamos recuperarlas de encima de la mesa, el agente con gestos bruscos y de enfado las mete en el cajón de la mesa y nos obliga a pasar a la zona de espera de los vuelos, insistimos en la protesta sin los resultados esperados, ¡nuestras queridas navajas nos han dejado!
El día es bueno, los pequeños aviones entran y salen, poco a poco van quedando menos viajeros en la sala de espera, nos toca a nosotros y, después de un bonito vuelo entre gargantas y cruzar bajas montañas, llegamos a Kathmandu.
Una vez en Kathmandu, ¡lo típico!, instalarse en el hotel, asearse, comer, pasear, conversar,… y pensar en recibir a los tres corredores que hoy salieron de Madrid y que mañana llegarán al aeropuerto.
… Mañana más. Saludos Jesús.
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